Los arquetipos de Jung y su relación con la producción artística

Carl Jung fue un psicólogo, psíquico y psicoanalista suizo. Contemporáneo y discípulo de Sigmund Freud, considerado padre de psicoanálisis. A pesar de haber sido discípulo y amigo del famoso psicoanalista, Jung no hereda el pensamiento y teorías de Freud, lo que provocará una ruptura entre los dos psicoanalistas además de aportar al estudio del psicoanálisis sus propias teorías, convirtiéndose posteriormente, en una figura clave para el psicoanálisis en su primera etapa. El distanciamiento del pensamiento de Jung y Freud consiste en el rechazo del primero hacia el gran pilar del psicoanálisis y el estudio del inconsciente estipulado por Freud, que afirma que toda nuestra vida psíquica e inconsciente se explica y gira entorno a la sexualidad. Jung considera que la energía psíquica no es principalmente de tipo sexual y que todo lo que se esconde en nuestro inconsciente no responde a este hecho. De esta manera, sustituye esta energía psíquica fundamentalmente sexual por una energía vital que abarca todo el cosmos y en la que el ser humano participa de forma colectiva. Se refiere así, al inconsciente colectivo, que define como una base innata en el ser humano además de colectiva; presente en las culturas, como fruto del espíritu de la comunidad.

El inconsciente colectivo se forma a partir de diferentes arquetipos universales comunes entre todos los seres humanos de alguna manera u otra, que tenemos la predisposición de intuir o correlacionar con su significado desde edades muy tempranas y de percibir por ejemplo desde nuestros sueños como símbolos de ciertas características ya que se trata de imágenes directamente correlacionadas con nuestra cultura ancladas dentro de nosotros mismos. Encontramos estas imágenes, símbolos o en su defecto arquetipos en religión, en mitos, leyendas o cuentos populares en tanto que todas estas manifestaciones son fruto de las diferentes culturas; son imágenes ancladas en nuestro desarrollo ontológico.

Además, los arquetipos explican la evolución del ser humano y de su espíritu desde un entorno colectivo marcado siempre por interacciones sociales y culturales, y no de forma aislada.

Un ejemplo de la existencia de esta pequeña enciclopedia de arquetipos en el inconsciente colectivo visto desde la perspectiva de la literatura como fruto de la cultura humana, lo da en su momento el crítico literario Vladimir Propp, con su “Morfología del cuento”; en el que recoge todo el folklore y cuentos de los pueblos cercanos en el que intuye una serie de imágenes (arquetipos) comunes que hacen desarrollar el cuento en sí y de ciertas estructuras narrativas fijas presentes incluso en diferentes culturas, usados además, para estructurar los futuros cuentos. Algunos arquetipos que encontramos en esos cuentos, como resultado de la manifestación del folklore popular, son por ejemplo el personaje del héroe, la princesa, el malvado, el objeto mágico… (personajes o cosas siempre relacionados a una intencionalidad o a alguna característica siempre en común).

Con Vladimir Propp vemos la influencia de los arquetipos en las diferentes culturas en cuanto al desarrollo del género del cuento, y además, podemos ver también cómo estos arquetipos funcionan como características primarias de un tema o personaje; de alguna manera se acerca a como los entendíamos en la antigua cultura grecolatina (Al encontrarnos caracteres comunes en las comedias de entonces, como las de Plauto, por ejemplo, que organiza a personajes regidos por arquetipos para que funcionen en medida que se trata de imágenes prefijadas que remiten a una característica humana ya existente en dicha cultura, funcionan como símbolos también).

Ejemplificando ya con Jung, veremos cómo realiza una diferenciación entre los diferentes arquetipos exponiéndolos en su teoría de los arquetipos.

Entre ellos se encuentran doce arquetipos que responden y simbolizan las motivaciones básicas del ser humano; lo que incluye un conjunto de significados o rasgos de personalidad. Jung afirma que cada persona tiene un arquetipo dominante en la construcción de su personalidad; aunque es posible que la gran mayoría de personas respondan a más de un arquetipo. Haremos una breve síntesis de algunos de ellos sin llegar a explicarlos todos:

El inocente es un arquetipo que apela a aquellas personas ingenuas, poco profundas de complejidad; que además es posible que se muestren en gran medida vulnerables hacia el mundo. Uno de los miedos que tienen los inocentes es el castigo por hacer algo incorrecto o ilegítimo; así que buscará hacer siempre bien las cosas. Las características relacionadas al arquetipo del inocente son la utopía, el misticismo, lo romántico y el soñador.

El héroe responde a personas guerreras y que se ocupan de ello. Esta persona tratará por todos los medios de mostrar su gran valía a través de dichos actos de valentía; mostrándose a veces arrogante. Su punto débil o miedo es la debilidad y la vulnerabilidad y la arrogancia. Los símbolos o “personajes” relacionados a este arquetipo son el salvador, el superhéroe, el soldado o el ganador.

El explorador remite a este personaje que busca la libertad. No soporta el aburrimiento y vive viajando de una aventura a otra. Su gran defecto suele ser el vagar sin rumbo. Conocido comúnmente con figuras como el vagabundo, el peregrino…

El sabio es el arquetipo relacionado con la honestidad pura. Intenta comprender todo aquello que está a su alrededor: las personas, el funcionamiento de la vida, del universo. Se alejan de la ignorancia y del engaño, su lema es la verdad. Se relaciona la figura del sabio con el filósofo, el pensador…

Por otro lado, tenemos al mago; aquel que intenta entender las leyes y misterios del universo, comprender también la parte oscura del mismo. Quieren hacer realidad los sueños. Pueden llegar a convertirse en manipuladores. Conocidos como visionarios, inventores, líderes, curanderos…

El Rebelde es el personaje que encarna la filosofía de lo radical, la libertad, la extravagancia; el personaje revolucionario que piensa que las leyes están hechas para romperse.

Vistos con algo de profundidad algunos de sus arquetipos, cabe recordar que Jung también hablará de: el amante, el loco, el cuidador, el huérfano, el creador y el gobernante.

Al ver la construcción de una especie de características comunes en ciertas personas, encontramos la teoría de los arquetipos aplicable en un inconsciente más personal que refleja nuestro propio yo y sus miedos, fantasías, sueños o formas de ser.

Aún más, estos doce arquetipos nos recuerdan a miles de personajes ficticios que encontramos en libros, en series o en películas; en cuentos didácticos, en sátira, en el género histórico literario…

Por ello haremos un hincapié especial en la posible aplicación artística que se ha hecho desde las épocas más antiguas hasta las más modernas. Desde el arte antiguo de la adivinación de futuro con las barajas de tarot, que esconden personajes como el mago, el loco, el sabio o el emperador (que leeremos como una alegoría hacia ciertos caracteres o situaciones determinadas, no dejaban de ser asimismo arquetipos); encontrados también en la Roma de Plauto, hasta en la crítica literaria de Propp, incluso en pintura podemos encontrar una infinitud de símbolos que hacen alegoría a distintas actitudes, personajes o motivos…

Jung nos recuerda la aplicación que se le da a los arquetipos hacia la creación literaria. No solo en cuanto a la posibilidad de crear historias a partir del choque entre arquetipos; sino también la posibilidad que ofrecen para desarrollar una trama. Incluso también en cuanto a la aplicación de los arquetipos en la construcción narrativa de nuestros sueños y fantasías.

Y sobre todo, desde una visión comparada, su presencia a lo largo de los siglos en diferentes culturas. Marcando de esta manera unos invariables que perdurarán hasta nuestros días a través de nuestras manifestaciones colectivas como personales.

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