Seguir viviendo, Ruth Kluger

Memorias de una niña que sobrevivió al Holocausto

Si en primera instancia podría parecer que forma parte del gran material de testimonio del Holocausto, el individualismo que le inyecta la autora dota a Seguir Viviendo de una identidad propia, tal y como la autora se refleja y proyecta a si misma desde que era pequeña. Ya que, cada experiencia y memoria es única.

Susana era una niña judía de no más de seis, siete años cuando empieza a notar que en su alrededor sucede algo. Ya es bastante evidente cuando en desde el principio de su relato comenta que el tema tabú o escuchado por lo bajo era la muerte, y no el sexo. Desde que esta niña se conecta por primera vez con la conciencia del exterior ya lo hace verificando que a su alrededor está ocurriendo algo extraño, mostrando así la distancia entre el mundo de los adultos y el mundo de los niños. Por supuesto, la historia no nos la está explicando una niña sino una señora mayor, erudita, que reflexiona sobre su vida ligada a los hechos históricos en la Europa del Este, y lo que ella hace precisamente es indagar sobre su memoria y las breves

pinceladas que recuerda.

Si acudimos a la memoria histórica, vemos que Ruth Kluger vivía en Viena en el 1938, año en el que esta fue anexionada al tercer Reich, algo que sabemos gracias los libros de historia, pero; ¿Cómo certificarlo? O ¿Cómo conocerlo en detalle? Este libro es perfecto para esta ocasión. Si bien parte de lo que sucede en el marco social, también lo hace desde la individualidad. Las cosas ya son diferentes, ya en el mundo de los niños. El colegio ya no es tan importante, las personas están emigrando y las personas que se están quedando en Viena son personas que no tienen suficiente dinero para marcharse. Empieza a haber este rastro de éxodo, y por supuesto, conocemos en este momento la situación de las personas que se qu

edan. Viena se anexiona al régimen nacionalsocialista, y para la autora, que tiene tan solo siete años de edad, se va dando cuenta de que no ha tenido una infancia como la han tenido sus otros primos o familiares, no conoce ni conocerá la Viena de la manera que los demás niños, pues ya hay sitios a los que no puede ir. Los judíos no pueden ir a diferentes sitios, esto es visto incluso de forma normal. Cuando les obligan a coserse la estrella amarilla, tampoco hay demasiada revuelta exterior al respecto. De esta manera vamos conociendo las pequeñas células d

e lo que ocurre a su alrededor.

Ruth habla sobretodo de su familia: de su madre, que tiene otro hijo viviendo en otra ciudad, habla de su padre, un hombre al que recuerda poco y de forma agridulce… Al mismo tiempo que acudimos al crecimiento de la protagonista de nuestra historia, acudimos a la cumbre del odio hacia los judíos de la Europa del este por parte de régimen nazi, vivimos la deportación de los mismos hacia los campos de concentración, vivimos el final de la guerra e incluso la posguerra. Todo en la vida de una sola persona, demasiado joven para vivir esta experiencia, para ir a un campo de concentración y demasiado mayor para no darse cuenta de lo que está ocurriendo.

En el momento de la anexión de Viena al régimen, la marginación judía va muy deprisa. Esto lo vive la protagonista, de tan solo 7 u 8 años en primera persona; cuando intenta ir al cine para ver el fenómeno mundial de Disney, Blanca Nieves (Fenómeno mundial, por ser el primer largometraje animado, en un documental sobre Disney vemos a miles de niños y sus familiares ir al cine) Pero en el relato de Ruth Kluger encontramos que a el

la se le ha prohibido ir. Y es que los judíos ya no pueden ir al cine. Esta es una escena triste, no explicada por los medios. La memoria colectiva solo ha guardado la imagen de las miles de personas (privilegiadas) que van al cine, sin ningún tipo de inconveniente; pero se ha dejado de lado a los miles de niños a los que se le ha prohibido. Aun así la protagonista va al cine, donde le espera una situación incómoda debido a que se encuentra a unos vecinos suyos, presuntamente arios, que le regañarán.

La cosa va en aumento. Ya ni siquiera va al colegio, ella se pregunta por qué no huyen su madre y ella a otro sitio, porque hay algo que va a ocurrir de forma inminente. Vemos la desgracia de aquellos que se quedan. Su caso es que tienen que pagar los impuestos de huida de su padre, al que vuelve a ver por cierto solo una vez más, y por su otro hijo, el hermanastro de Ruth, al que quiere muchísimo. La protagonista sigue creciendo. Vemos a una niña a la que le gusta la poesía, recitar como algo obsesivo, vemos una niña que se interesa por su identidad y su religión, que pronto se dará cuenta de que incluso esta también la margina a propósito de los hombres, marcando que se desarraiga de ella a una edad temprana. Y por otro lado, que predique la poesía y la literatura.

Pues la literatura está presente por doquier en Seguir Viviendo. La autora reflexiona, hace memoria, nos pregunta, se pregunta a ella misma, escribe poesía y después reflexiona sobre la misma. Nos explica en qué momentos la poesía ha sido su más grande aliada; en qué momentos (pocos) le ha fallado, incluso reflexiona sobre la gran frase de Adorno “La poesía después de Auschwitz…”. Por lo pronto y bajo la línea de la historia, nos encontramos con una protagonista cada vez más sola, ya que sus familiares han sido deportados a ‘’Polonia’’, otros han emigrado a América… Ella siente desesperación por seguir en Viena, ya puede oler algo inminente. El capitulo de Viena acaba cuando la autora dice que la ciudad era triste, enemiga de los niños judíos.

(…)

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