Analisis de “Fin de Partida”, Samuel Beckett (parte I)

A través de T.H. Adorno

Fin de partida es una pieza dramática escrita por Samuel Beckett, conocido hoy por escenificar y tematizar lo absurdo, durante el 1957, unos veinte años después de la segunda guerra mundial. Publicada en francés, continuamente es traducida al inglés y al alemán. Poco tiempo después el teórico y filósofo Theodor W. Adorno, famoso por sus reflexiones sobre los campos de concentración y la condición humana, se encontrará con Fin de partida. A estas alturas de mediados de siglo, ni Beckett ni Adorno se habían convertido aun en los clásicos que la crítica hoy reconoce, ambos son herederos de la literatura y reflexión a partir de lo que sería considerado como la gran masacre de la humanidad. Cuando Adorno acude a la representación de Fin de partida en Viena, rápidamente se percata de que la obra estaba realizando una interpretación también de su propia filosofía. Tanto el público como él mismo entienden que esta no es una obra convencional, sino que interviene directamente con las reacciones de su público. Y en su lectura, no es fácil esquivar tampoco el componente de absurdo que emana la obra.

A medida que Fin de partida se configura, el lector o espectador no reconoce un argumento fijo, como tampoco se concreta el tiempo o el espacio en el que ocurren los acontecimientos, a pesar de que no acaba de ocurrir nada, no hay desarrollo argumental. Reconocemos a cuatro personajes, dos de ellos coprotagonistas: Hamm y Clov, pues casi el total de la obra transcurre en diversas conversaciones entre ellos. Hamm es un anciano ciego que usa a Clov como lázaro y como criado. Espacialmente reconocemos un escenario sin ornamentación pero si algo nos llamará la atención son las dos ventanas que comparten protagonismo con Clov en la primera escena, pues el coprotagonista está intentando ver lo que hay en su exterior en lo que se traducirá en una extensa acotación en la obra dramática. En cuanto a los personajes se reconoce a un Hamm egoísta, caprichoso y ácido, por no decir, que no parece estar en sus cabales. Algo por cierto, no demasiado destacable, porque ninguno de los personajes lo está. Por otro lado se encuentra Clov, más joven, que sirve a Hamm y amenaza a lo largo de toda la obra con marcharse, no obstante, obedece sin rechistar a Hamm con todo lo que este le pide. Ambos tienen una relación de padre e hijo, y se puede intuir que en parte lo son, ya que Clov fue el hijo de un jardinero al que Hamm salvó del hambre y la miseria, intuye el espectador al ser partícipe de una historia que explica Hamm al respecto.

Y es que, por otro lado, a pesar de que en apariencia la obra transcurre en una casa, existen muchas señales que parecen indicar que nos encontramos ante el fin de los tiempos, donde nada existe ya, la naturaleza está destrozada y se ha alejado del resguardo de la humanidad y ellos han podido sobrevivir, ya que el exterior se encuentra totalmente destrozado, sin más personas que ellos dos y los dos rehenes que tienen a su caudal. Los padres de Hamm podrían considerarse entre muertos y vivos, como un sin sentido existencial, mostrados mutilados y almacenados sin ningún cuidado, algo que no gustará a los espectadores de Fin de Partida, y que por otro lado el motivo de los padres de Hamm mutilados y almacenados en unos cubos de basura, podría significar una alusión a una especie de pasado perdido o en añicos, algo que entenderemos más adelante.

No ocurre precisamente nada en Fin de partida, más que lo que el título indica; ya que al final de la obra Clov por fin se marcha, haciendo surgir de Hamm algunas reflexiones. Por otro lado, acudimos a un sin sentido de conversaciones que se repiten constantemente entre Clov y Hamm, sobretodo preguntas y respuestas, ambas sin sentido alguno. En Fin de partida conviven dos personajes encerrados en lo que parece ser una casa sin ningún mundo exterior ni vida, lo único que les queda es el lenguaje. Y será el lenguaje el único salvavidas aunque ellos no se den cuenta. La repetición diaria de preguntas y rutinas será lo que les ayuda a no perder del todo la cabeza, en un vacío que no tiene posible continuación. Y es que ambos reconocen que no se encuentran en sus cabales, y resulta difícil para el lector encontrar en Fin de partida una temática concreta o hilo argumental.

En cambio para Adorno el argumento o mensaje de Fin de partida tiene una gran resonancia con su propio titulo, pues lo considera la última fase de una serie de acontecimientos que han tenido lugar ya no para una sola persona o dos, sino para toda la humanidad. Ya que localizamos el componente de lo absurdo en Fin de Partida, deberíamos preguntarnos a qué se debe esta reacción, consecuencia o estilo al que apela el escritor, si lo considera una forma de entender la vida o una consecuencia de la misma.

Para Adorno la respuesta de lo absurdo en Fin de Partida caracterizado por Hamm y Clov, sus descabelladas y cíclicas conversaciones, sus reflexiones y la no presencia específica de tiempo y espacio; se debe al resultado de algo llamado razón instrumental, es su consecuencia no deseada. Para entenderlo, y sobretodo para entender la relación que tiene el concepto de razón instrumental con lo sucedido en la segunda guerra mundial, episodio que no podemos divorciar de la interpretación de Fin de partida; es necesario indagar un poco más en su significado y genealogía. La razón instrumental hace referencia a aquello que sirve como instrumento y que es útil, es considerada la naturaleza como tal. La naturaleza será convertida en objeto de dominio de un sujeto que busca en ella su supervivencia, abastecimiento y auto conversación. Esta relación entre sujeto y objeto solo es posible si el sujeto tiene un objeto al que manipular para su propio beneficio, llegando a convertirse a sí mismo en objeto e incluso a las demás personas. En palabras de Nietzsche, el sujeto se convertiría en amo y la naturaleza en su esclava.

Esta relación ha prometido desde los días de la ilustración, además de la auto conversación y el dominio del sujeto hacia la naturaleza, una posibilidad en la emancipación y libertad de las personas. Pero también existe el dilema de que si bien ya existe lo mínimo para la supervivencia, el humano busca más, y esto es tangible gracias a la existencia de las mercaderías y el sistema de consumo, que abastecerá a las personas de más cosas de las que necesita a cambio de su tiempo convertido en trabajo y asimismo en dinero, volviendo incluso a la misma persona en mercancía, es decir, en objeto intercambiable. La razón instrumental remite al impulso que lleva al humano a regirse por la sociedad de consumo y al dominio de la naturaleza e incluso al dominio de otras personas, no se trata de algo abstracto sino de una forma de vida. Es una filosofía que se ha llevado a cabo desde la ilustración y su promesa de emancipación gracias a la razón, a las nuevas tecnologías.

 

Y volviendo ya al siglo veinte, a después de las dos grandes guerras mundiales, el sujeto o algunos teóricos se percatan ya de las deficiencias de esta razón, pues la relación propia de la razón instrumental ha perjudicado gravemente a aquellos convertidos en objetos, a quienes el sujeto-amo ha tenido que despojar de todo su componente de sujeto o humano para poder establecer esta relación de dominio, y a aquellos que no han encajado en esta ecuación valiéndose como mercancía intercambiable, han sido repudiados y marginados.

La forma de vida y los grandes mitos que prometía emancipar al ser humano solo lo han llevado a su propia destrucción. En vez de conseguir la libertad, solo ha esclavizado los unos a los otros haciendo más agraciados a unos y más desgraciados a otros, ejemplificado precisamente con las dictaduras de mitad de siglo, sobretodo respecto a los campos de concentración. Llegados a este punto, a la relación entre lo sucedido en los países del este a mitad de siglo y lo que prometía la razón ilustrada, la posguerra llega con una intensa reflexión al respecto al comprender el lugar donde el ser humano ha llegado.

En este momento llega el componente de lo absurdo, como un cambio de tuerca sino entendido como una consecuencia. Lo absurdo, considera Adorno, no es un estilo de vida absoluto o atemporal, que pueda relacionarse con el todo. Lo absurdo es el último paso, es a lo que el ser humano va a llegar después de ver muertos sus ideales. Así, este estado vital será considerado como histórico, específico y temporal, debemos entender los factores que han llevado al humano a tener esta reacción hacia la vida, tan bien plasmada por Beckett.

Cuando el ser humano se pregunta por el sentido de lo ocurrido interviene la respuesta del no sentido, del absurdo. Los campos de concentración y el horror de las dictaduras, la relación entre el amo y el esclavo, entre unos humanos y otros, y el uso perjudicial de la naturaleza hacia el mismo ha hecho reflexionar a muchos teóricos, escritores y filósofos sobre lo irónico de lo sucedido. El mismo Adorno pensará que no puede existir poesía después de Auschwitz, entrarán en juego muchas cuestiones existencialistas sobretodo por aquellos que han sobrevivido, y por supuesto, por aquellos que se avergüenzan de a lo que ha llegado el humano. En este sentido, Fin de partida es una pieza magistral para mostrar el no sentido como respuesta última de la búsqueda de sentido, un ejercicio arriesgado por la capacidad del alcance de una obra dramática que recogerá varias respuestas de aversión por el público. Pues si bien habrá quien no entienda Fin de partida, será capaz de atribuirle más sentido al acercarse al pensamiento de Adorno. El absurdo es la fase final, rememoramos, escenificado por Fin de Partida como pieza dramática. El humano ha tenido que atravesar diferentes etapas para llegar a esta última, ya que históricamente se ha visto la ilusión por la posibilidad de emancipación y su consiguiente fracaso. Traduciéndolo al lenguaje artístico, es posible que exista un gran motivo por el que Fin de partida no tiene un desarrollo convencional como drama y empiece en la última fase.

Parte II Analisis:

Analisis de “Fin de Partida” de Samuel Beckett (parte II)

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