Analisis de “Fin de Partida” de Samuel Beckett (parte II)

A través de T.H. Adorno

Quizás Beckett esté tratando de escenificar esta última fase al no proponer ningún desarrollo argumental, al plantear el inicio de la obra sin ningún dialogo o monólogo sino con una larga acotación que a su vez nos trae una pantomima por la cual el personaje al que observamos se expresa por gestos y no con palabras. El sin sentido y la fase final de la gran perdida o fracaso de la razón instrumental también se traduce en la pieza de Beckett gracias a la concepción de espacio y tiempo, fundamentales para la construcción de una obra dramática; en Fin de partida (si lo entendemos como un después de la acción) también resultan afectados.

Lo único que el lector o espectador puede vaticinar es que los personajes se encuentran en una especie de refugio, a pesar de que podría ser considerado el hogar de Hamm y Clov, respecto a una catástrofe que textualmente podría hacer referencia a la catástrofe que el ser humano acaba de ver ante sus ojos. No obstante, no se hace referencia especifica, ni siquiera hacia el tiempo o el devenir de los días. Lo único que diferenciamos es un ahora y un después, al ser partícipes de las absurdas demandas de Hamm hacia Clov y su continuo movimiento. Lo que sí suponemos es que su continuo dialogo podría ser una simple rutina diaria. Y en cuanto al refugio o casa, tan solo se presenta al lector la existencia de dos ventanas que acabarán por problematizar la relación con el exterior, un cuadro girado, que vuelven a negarle al espectador un espacio exterior, y los cubos de basura donde se encuentran los padres de Hamm. Al no encontrar, al ver difuminado o al no mostrar demasiado escenificado tiempo y espacio, lo que acaba por proponer la obra es la nada, la no esencia. Y al proponer esta escenificación de todo lo que compone una obra dramática pero desfigurada, sin cuerpo; el espectador entiende un poco más el concepto de final, donde no existen más temas o argumento, sino el acto previo al final. No obstante, si hay algo que le da vida a la obra o a la última fase respecto al final es el poder del lenguaje, que acabará por escenificar lo absurdo por encima de un lugar desierto, oscuro y misterioso. El lenguaje en forma de dialogo por dos protagonistas muy diferentes entre ellos, pues como podemos ver, el uno es el esclavo del otro.

No es algo que deba pasarse por alto el hecho de que Hamm es ciego y necesita la utilidad de Clov, al que considera inferior a él. No obstante, Hamm necesita a Clov, y por ello tendrá que confiar en lo que el último le diga en todo momento. A pesar de las rutinarias preguntas y respuestas que marcan una especie de costumbre entre los dos personajes, como si llevaran desde siempre atrapados en ese espacio y momento, habrán ocasiones en que se deduzca algo escondido, un por qué de este absurdo que propone una obra sin aparente argumento; encontramos entonces la situación histórica que ha desencadenado esta situación. Habrán algunos comentarios sobre la naturaleza, que les ha dejado de abastecer, sobre el hambre y el que alguien haga a otra persona padecerlo, el egoísmo y sobretodo, anticipamos lo absurdo. Incluso los mismos personajes empieza a notarlo, pues llega un momento en el que Hamm se cuestiona si están empezando a significar algo.

Y en este punto nos preguntamos sobre las expectativas del propio Beckett hacia su obra. El absurdo es algo que puede hacer reflexionar a teóricos como Adorno, que lo entienden como fase final a un estilo de vida mal vivido pero habrán personas que jamás llegarán a entenderlo. Es difícil que el absurdo busque ser entendido, pero es más difícil no intentar verle ningún significado, es por ello que rescatamos el contenido histórico del problema, algo que según Adorno, no puede ser desligado de lo absurdo como resultado.

El espectador o aquel que reflexione sobre el absurdo o que incluso se identifique con él, debe saber que este es el resultado de un momento histórico concreto, y no un absoluto que pueda aplicarse a cualquier situación. Quizás Adorno tenga razón, pues no es complicado anticipar el componente histórico de Fin de partida, si uno es consciente del contexto de la obra y del autor. Si no, es probable que se aplique esta reacción hacia otras problemáticas existenciales. Después de leer algunas reflexiones sobre la obra, algunas de ellas indicarán una relación del absurdo con la condición humana o el vacío existencial de uno mismo, por ejemplo.

 

Las obras literarias, concretamente, las dramáticas son obras que buscan un público que reflexione sobre ellas, que se sientan indignados o emocionados. Por ello todas, o casi todas las reflexiones deberían ser válidas para entender la misma. El público es capaz de notar el absurdo en la pieza, algo que ya se establece como punto de partida, y quien no se conforme con percibirlo y dejarlo estar encerrándose en no leer de forma más profunda la obra, acabará por notar algo escondido.

Algunos lo asemejaran al contenido histórico y otros a diferentes tipos de vacío según lo que la obra les proponga en su experiencia personal, incluso habrán críticos que anticiparán en el absurdo de Beckett una deconstrucción del lenguaje plasmado en la misma destrucción de la forma convencional que debería asumir una obra dramática. Aun así, aunque se trate de deconstrucción o de posmodernidad, siempre acabaremos llegando a un mismo origen: el catastrófico hecho histórico. Así, volvemos a toparnos con la reflexión de Adorno que propone encontrarle sentido al absurdo que propone Beckett.

El componente de lo absurdo se ha hecho muy famoso, no solo en Beckett, sino propiamente en teatro, trasladándose incluso a cine. Siempre remite a una fase final, un lugar de encuentro al que se ha llegado después de muchos pasos previos, es decir, existe una sospecha de crítica o de sátira a algo previo, existen unos restos previos – quizás simbolizados en Fin de partida por los padres mutilados de Hamm – Y ejemplificando con Fin de partida, tanto tiempo y espacio, personajes y diálogos anticipan lo absurdo.

El lenguaje se presentará en algún momento como lúcido, a pesar de que en el contexto del interior de la obra siga apelando al sin sentido, el espectador empieza a sospechar de algo más que absurdo, y es que, el absurdo también busca ser entendido o rastreado, es una llamada de auxilio. Se trata, tristemente, de una fase que en un principio ni siquiera debería haber existido, se trata de los restos de humanidad que ha dejado el trauma del siglo veinte y de los años ilustrado, algo que dejará su huella no solo en literatura.

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