El hombre de la Arena, E.T.A Hoffmann

“El hombre de la Arena” es un breve relato de E.T.A Hoffmann que explica cómo ciertos hechos traumáticos y fantasmagóricos llevan al delirio y al suicidio al joven Nataniel tras volver a ver a quien fue el demonio de su niñez. Nos resulta interesante encontrar los recursos con los cuales se auxilia Hoffmann para dotar a su relato de tantos elementos que suscitan misterio, desconcierto o tenebrosidad y para ello, indagaremos en la historia y en lo que esta esconde. El relato empieza con la visita que recibe Nataniel del supuesto “Hombre de la Arena”, esto le hace recordar viejos miedos y mucho terror. El hombre de la arena, según su madre era “el cansancio” y se traduce en que a los niños se les cerraban los ojos como si les tirasen arena en ellos, para la criada era aquel demonio que robaba los ojos de los niños para dárselos de comer a sus crías; aunque acaba por comprender la inverosimilitud de este relato, no deja de sentir tenebrosidad en lo que respecta a este ser. Cuando por fin ve al hombre de la Arena, que era el viejo Coppelius, un conocido de la familia, aparentemente intenta extraerle los ojos. Desde este momento, incluso antes, ya vemos que el relato está desesperadamente relacionado con el tema de la vista, los ojos, y cuando nos percatamos de ello, es difícil ignorar todas las ocasiones en las que el autor ha querido incluir el tema del que quiere hablar. En la primera página del relato dice “ La figura de Clara aparece sin cesar en mis ensueños; sus ojos transparentes me dirigen dulces miradas”. Desde el primer momento se habla de la mirada, mucho antes incluso de saber la historia de “El hombre de la arena”. También en frases como: “No se puede acusar a mis ojos si todo me parece incoloro en la vida” o “No podía cerrar los párpados (…) Coppelius aparecía en mi imaginación con los ojos relampagueantes.” refiriéndose a la influencia que el hombre de la arena ejerce sobre él; vemos también que hay muchas veces en el relato que se habla de los ojos como una de las características más notables de alguien: “creí distinguir un rasco cómico en los ojos extraviados del estudiante Nataniel”, “Uno de ellos comparaba los ojos de Clara a un lago de Ruisdaël.”, “Si me pasara el tiempo escuchándote y mirándote a los ojos como exiges…”, “Nataniel veía a su prometida; pero era la muerte descarnadada la que le miraba con aire amistoso a través de los ojos de Clara”,“solo los ojos parecían extrañamente fijos”.

 

A partir de estos ejemplos notamos que aunque el autor nos hable del tema central de forma directa, también hace que muchos detalles de la obra giren en torno a él e inconscientemente notamos su importancia y ello nos intriga un poco más hasta que al final vemos que este tema está intrínsecamente relacionado con la obra. Aunque el tema central sea muy recurrente, no podemos olvidarnos de otros elementos que no hacen sino dotar a los personajes de “El hombre de la Arena” de cierto ocultismo o misterio que no podemos ignorar, como por ejemplo el personaje de Nataniel. ¿No es cierto que parece que enferme, delire y después vuelva a estar en sus cabales otra vez? Cuando se le aparece por primera vez después de tantos años el hombre de la arena pensó que se le había “adherido un mal que ejercería una influencia funesta sobre su espíritu”, también que “ese demonio turbaría sus amores de una forma cruel” y aunque estuviese rodeado de sus seres queridos también empieza a alejarse de ellos y ensimismarse, incluso llega a llamar a su tierna Clara “autómata”, empieza a enamorarse locamente de Olimpia sin llegar a ver la realidad en su mirada, y finalmente intenta matar a Clara y se suicida. A pesar de todos estos hechos que hacen que el protagonista se aleje de su manera de ser, hubo un tiempo en el que Nataniel parecía volver a la normalidad y volver a ser el chico que era, pero no nos deja de intrigar sus cambios tan repentinos de ser; en una parte del relato Clara diría:” Somos nosotros mismos los que producimos el principio destructor que nos devora. Es el fantasma de nuestro propio “yo” cuya influencia actúa sobre nuestra alma y nos arroja el infierno” ¿A qué creemos que se refería Clara? Después de todo lo leído acerca de algunas técnicas muy utilizadas en este género literario; El Romanticismo, no podemos referirnos a otra cuestión que no sea la de “el doble”. Mario Praz nos ilumina poco a poco en uno de sus ensayos hablando de los aparentes desdoblamientos de personalidad que pueden sucederle a algunas personas dejando a relucir una segunda personalidad prácticamente opuesta a la habitual.  ¿Tiene Nataniel una doble personalidad? Probablemente sea así, las pistas que nos ha dejado Hoffmann nos conducen a esa dirección. Pero aun hay más sobre los personajes de “El hombre de la Arena” ¿Os habéis fijado en lo que nos quiere transmitir el autor cuando habla de Olimpia? Desde que aparece en el relato es inevitable sospechar de este personaje, es evidente que ocurre algo extraño, hay un misterio que envuelve a Olimpia y que el autor no nos quiere ocultar. Dice de ella “Sólo los ojos parecían extrañamente fijos, como los de un muerto”, “Nataniel estaba sumiso en un hechizo profundo”, “Su extraña vacilación en su forma de andar suscitó algunas críticas”… Evidentemente, ¡Jamás podríamos sospechar que se tratase de una autómata! Pero una vez más el autor deja reluciendo una serie de pistas que no hacen otra cosa que cobrar sentido con el atónito final. El descubrimiento nos deja no menos que aterrados y asombrados y es que, desde un principio ya sabíamos que algo ocurría con este personaje, había cierto presentimiento que no nos dejaba confiar, es posible que desde un principio hubiéramos sentido un sentimiento muy bien explicado por el psicoanalista Freud. De esta manera nos explica Freud la sospecha que al lector, y a los demás personajes excepto a Nataniel, nos causa el personaje de Olimpia. Aunque según Freud ella no constituya el centro de atención respecto al carácter ominoso de la obra, nos detenemos en la falsa apariencia de esta muñeca y sobre todo, el hecho de que al escaparse Coppelius o “El hombre de la Arena” con Olimpia el profesor Spalanzani dijera “él te los robó” (refiriéndose a los ojos). Este es un detalle que no se nos pasa por alto, ¿A quien se los había robado? ¿Al padre de Nataniel? Aunque no se especifica nada al respecto, ¿Es posible que la creciente obsesión que el joven siente hacia Olimpia derive de estar mirando los ojos amorosos de su padre? El desenlace no nos lleva a explicarnos todas nuestras preguntas pero el relato en sí nos origina tal sensación de incredibilidad que solo puede ser anulada si dejamos que el autor nos transporte al ambiente que ha creado a través del poder que tiene la Literatura en hacer verosímiles situaciones que no lo son y que solo pueden serlo en el mundo de la imaginación.

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