La posmodernidad de Lyotard

El término posmodernidad puede ser entendido de distintas maneras dependiendo del ángulo desde el que te acerques a él.

Cualquier lector o estudiante puede identificar el concepto posmodernidad como periodo de tiempo que comprende la época posterior a la mencionada “modernidad”, o incluso podría pensar que se refiere a nuestra época; con su historia, su sociedad y sus artistas.

Para comprender lo que entiende Lyotard como “posmoderno”, intentaremos, paso a paso, guiarnos desde el desglosamiento de la misma palabra hasta entender en última instancia aquello a lo que señala el mismo concepto.

La posmodernidad se entiende como “después de la modernidad”, pero debemos entender primero qué significa “moderno”. No es sinónimo de ‘’futurismo’’, ni de novedades científicas ni tecnológicas, ni un estado que solo las personas de nuestro siglo puedan vivir.

Toda sociedad ha sido alguna vez moderna. La modernidad nace de la ruptura de viejas tradiciones y de creencias que han quedado desfasadas por el avance o cambio de pensamiento de cada sociedad.

Entonces, si toda sociedad ha sido moderna alguna vez… ¿De qué modernidad estamos hablando? Concretando un poco más, si hablamos de “modernidad” en occidente, es decir, en Europa; nos encontraremos ante un momento clave de la historia…

Nos trasladaremos al siglo de las luces; donde por primera vez se empieza a hablar de libertad e igualdad.

La razón ilustrada y la consiguiente revolución francesa abogan por el libre acceso al conocimiento, a la ciencia y a la educación para que cada uno de los ciudadanos pueda generar sus propias ideas y traer a la población llana el mismo número de oportunidades. Estas demandas se trasladan al campo de la política y la economía, la ciencia, el arte y la razón…

La ilustración se alza en sí misma, orgullosa, insistiendo en que la ciencia y la razón podrán garantizar al ser humano una emancipación de los poderes opresores y garantizarle su gran anhelo de la libertad.

Los ideales de la ilustración se encargarán de justificar y unificar el conocimiento; que es el saber y qué conviene conocer.

Estas maneras de legitimar el conocimiento se las conoce como metarrelatos. Los metarrelatos son universales y unificadores de aquello que merece ser conocido y que, además, debe ser homogéneo. Los metarrelatos previos a la razón ilustrada se encontraban en la creencia mitológica.

Los metarrelatos de la modernidad, es decir, de la ilustración, garantizan la emancipación del ser humano y su libertad.

Pero poco a poco nos hemos ido dado cuenta de que los ideales del siglo de las luces no nos han dado la libertad que anhelábamos, más bien al contrario, pues justificándonos en la razón y la

ciencia el ser humano ha atentado contra sí mismo y contra sus ideales, llevándonos incluso a vivir los peores totalitarismos condensados tan solo en décadas.

Con ello hemos entrado en una crisis ideológica y de fe de aquellos relatos unificadores, entrando en una era en la que estos ya no nos sirven porque la sociedad, la ciencia, las formas de saber y la cultura han cambiado.

El estado de nuestra sociedad es muy diferente a lo que fue hace un siglo, y aun no sabemos cómo explicarla, nos encontramos en terrenos no definidos que se desglosan y se liberan del ‘’modernismo’’ anterior; vamos regenerando formas de hacer, emergen nuevos ámbitos llenos de debate, novedades que muchos intentan explicar.

El mundo es consciente de que la ciencia y tecnología engloban nuestras vidas, y que son los grandes protagonistas de esta nueva esfera.

En el ámbito de la economía nos encontramos ante un capitalismo cínico apoyado en una mejoría económica; se ve un mayor nivel de vida para algunos, y se oculta el empeoramiento de condiciones para muchos otros. Además, el desarrollo tecnológico no hace más que empeorar la crisis mundial de empleo y devaluar la noción de trabajo.

La tecnología ha entrado en el campo del arte, también, con el nacimiento del cine y de la fotografía y que ha trastocado el antiguo criterio de arte, nuestras antiguas maneras de producción y nuestros juicios estéticos. Surgirá un intenso debate que nos hará preguntar si estas nuevas artes han sustituido la destreza de nuestras manos.

Habrán algunos que formularán críticas en masa, y otros que se adaptarán a los nuevos tiempos; pues es importante contemplar que los procedimientos del cine y fotografía pueden realizar una mayor difusión.

El problema empieza cuando el capitalismo (producción en masa, diversificación) empieza a entrar en el campo del arte; y en vez de hacer que la obra se inquiete por aquello que la hace objeto de arte y consiga así que alguien se aficione a ella, vulgarice e imponga criterios que prestigian la obra en cuanto más público tenga.

La transmisión del saber entra en crisis, el conocimiento se ha transformado en toneladas de información que para ser útil debe poder aplicarse.

Por ejemplo, y esto es captado en nuestros días, hay quien considera más útil saber cómo funciona una máquina que saber cuales han sido los más grandes pensadores de la historia.

Los gustos se diversifican, y el conocimiento también, aparecerán tendencias que respondan a todo tipo de gustos. Ya no se puede explicar la realidad a partir de ningún universal.

La nueva realidad y la victoria de la tecno-ciencia capitalista no ha causado el anhelado progreso, sino una creciente diferencia entre las riquezas del norte y la pobreza de los países del sur; ha causado totalitarismos, desculturización, una crisis de la transmisión de saber…

Al encontrarnos en una periodo que ya no podemos entender ni explicar como explicábamos y conocíamos la realidad antiguamente, cuando los relatos antes unificadores entran en decadencia; es entonces cuando emerge la posmodernidad.

Y es que, la posmodernidad siempre ha formado parte de la modernidad, solo era cuestión de tiempo que esta se revelara, ya que todo gran ideal siempre tiene algún inconveniente.

Superada la modernidad y su decadencia, nos encontramos ante una época en la que ya no existe ningún relato legitimador. Nos encontramos desconcertados ante tantos discursos y formas de pensamiento.

La posmodernidad es, en efecto, el vacío; la falta de homogeneidad, el relativismo. Nos encontramos en proceso de volver a explicar el universo, buscando nuevos ideales y relatos en los que creer.

En “La condición posmoderna” Lyotard critica a los antiguos metarrelatos (incapaces de seguir funcionando) y explica también el motivo por el que no existe ahora ningún poder legitimador.

En cierto sentido, nos encontramos en una fase de transición, puesto que hemos dejado de creer en que los discursos sobre ciencia, política, sociedad, pensamiento, sistema económico sean válidos, uniformes y aceptables, llevándonos a una gran confusión y relativismo, pues incluso los conceptos que antes creíamos universales (libertad, vida, muerte, igualdad…) ahora son rebatidos.

Piensa que el hombre es incapaz de entender el mundo que le rodea, y poder adaptarse. Se observan miles de discursos sin entender y pocas herramientas para ayudarnos.

De alguna manera nos encontramos ante la expectativa de seguir creciendo, para poder seguir intentando entender el mundo que nos rodea aunque este no deje de cambiar, también los humanos lo hacemos.

Nuestros discursos sobre el mundo deben florecer, a pesar de que jamás podamos volver a explicar el mundo desde una única perspectiva, siempre nos mantendrá vivos el creer en un ideal o esperanza de lo que se supone que debería ser nuestra realidad aunque esta nunca llegue y el mañana se nos presente cada vez más lejos…

 

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