“París no se acaba nunca”, de Enrique Vila-Matas

La autoficción en París no se acaba nunca

Nuestro objeto de análisis va a ser la obra de Enrique Vila-Matas, París no se acaba nunca. El autor barcelonés es reconocido por obras literarias como El mal de Montano, Dublinesca o El Viaje vertical, pero en París no se acaba nunca se propone reflexionar irónicamente sobre sus años de juventud, cuando intentaba encontrar su propio camino en literatura e imitar a Hemingway, en París era una fiesta. Esta es una obra comprometida entre dos géneros, podremos verificar; pero es indiscutible que la obra beba tanto del género autobiográfico como de ficción. Verificaremos que París no se acaba nunca podría ser un ejemplo de autoficción, subgénero literario nacido a finales del S. XX, no sin antes estudiar los juegos literarios que emplea el autor en la obra.

Antes de acercarnos a la obra, podemos afirmar que literatura se funde con la propia vida gracias al género de la autoficción. Si bien este nuevo género va encontrando su espacio gracias a la necesidad, no hay duda de que también existe una relación directa entre el nacimiento del mismo con una nueva concepción del yo que puede verse inspirada por el marco teórico de la época, gracias a propuestas posmodernas como la deconstrucción o el psicoanálisis. Ya desde el Romanticismo se ha jugado con rupturas de género, formales e incluso filosóficas, se ha proclamado la muerte de Dios1 y la muerte del autor2. Y por supuesto, también la concepción del yo ha sufrido cambios y así se ha reflejado en sus escrituras.

El sujeto se vuelve escéptico en cuanto a su pasado y sus recuerdos, se vuelve escéptico hacia si mismo y hacia su verdad personal; que ya no puede considerar como unitaria. Todas estas nuevas dudas existenciales respecto al mundo y a uno mismo provocan una práctica literaria masiva en escritores del S.XX. Muchas de estas prácticas se engloban en el género de la autoficción, donde el escritor encuentra refugio para construirse a si mismo y para entenderse sin la necesidad de atribuir su autorreflexión a la exactitud de la descripción de si mismo, sino proponiendo juegos literarios como el desdoblamiento de identidad , la invención de anécdotas para entender su personalidad, la fusión de géneros como el ensayo, la novela y la autobiografía; y como no, el humor y la ironía. Estas son prácticas que encontraremos en textos tan reveladores como París no se acaba nunca, un claro ejemplo de la indiscutible fusión entre literatura y vida.

París no se acaba nunca

Si hablamos de la fusión de literatura y vida, es obligada la mención de París no se acaba nunca de Enrique Vila-Matas, pues el personaje principal, antes incluso que el propio autor, es la literatura. Así, la reflexión entre la literatura y vida y su posterior comprensión es evidente y hasta habitual a lo largo de la obra, pero sin adelantar acontecimientos; centrémonos en un primer momento en el personaje principal: El joven Enrique Vila- Matas o al menos es lo que deduce el lector gracias a algunas pistas que le proporciona el autor. Al principio París no se acaba nunca busca un marco autobiográfico en forma de conferencia de tres días de duración, en la que el famoso escritor reflexiona delante de un salón acerca de sus primeros años de juventud en París donde escribe La asesina ilustrada, que marcará en este relato como su primera novela, a pesar de haber sido la segunda del escritor.

A partir del momento en el que el autor empieza a hablar de si mismo y de sus recuerdos, comenzamos a entender que los recuerdos son frágiles, pueden ironizarse e incluso reinventarse para darle un sentido final a la reflexión de la obra. Vila-Matas resuelve este ejercicio con el uso de la ambigüedad de géneros e hibridez. Por ello lo que podríamos entender como autobiografía también se puede leer como conferencia o novela3 y el autor invita al lector a reflexionar sobre ello. No obstante, lejos de delimitar su relato a un solo género, podemos leer París no se acaba nunca desde diferentes perspectivas a medida que avanza la obra. Conferencia, pues incluye elementos retóricos, de improvisación, diálogo con el público funcionando dicho modelo como marco. Decididamente autobiografía con la propuesta del autor a narrar sus recuerdos y sus vivencias en París y ensayística por las innumerables reflexiones sobre si mismo, su pasado y sobre literatura. No obstante pronto descubrimos que esta no será una autobiografía tradicional, lineal, pues pronto el lector empieza a sospechar del incumplimiento del pacto autobiográfico en la medida en que se establecen saltos hacia el pacto novelesco.

Así nace la autoficción en París no se acaba nunca, y no de forma deliberada y sin proposición previa, pues el autor deja una gran marea de huellas y rastros para la composición autoficcional que encontraremos a medida que avancemos la obra. Comprendemos que Vila-Matas hace una revisión irónica de sus años de juventud en París. El humor va directamente ligado a esta especie de ironía que busca una relectura de sus recuerdos y de su juventud, apelando otra vez al propósito de que es imposible recordar con veracidad, sin subjetividad, y lo que comprenderemos más adelante: El escritor tiene pleno poder sobre su vida.

El juego literario de la ironía se materializa cuando el escritor atribuye al protagonista características incluso ridículas, como su fingida desesperación en París o su obsesión con parecerse a Hemingway. También se produce este efecto, cuando habla de ver de verdad, reflexionando sobre si realmente existe lo visto realmente y reivindicando la capacidad del sujeto de poder ironizar la realidad en su defecto. Además propone que ironizar la realidad no quiere decir que esta deje de ser verdadera. La ironía es un mecanismo en servicio a su propuesta literaria autoficcional, cuya definición va construyendo durante todo el relato. Encontrada ya la perspectiva desde la que el autor mira hacia atrás; es más fácil leer las, en apariencia, situaciones o anécdotas que relata.

La ironía de Vila-Matas también será aplicable en el terreno de los personajes o diferentes personificaciones del mismo autor. En diversas ocasiones el personaje se encuentra con algún que otro personaje que le recuerda a aspectos de si mismo y así describe anécdotas en apariencia autobiográficas, que no tardamos en desvelar, en una rigurosa interpretación del lector, como autoficcionales. Así lo recordamos cuando el autor se encuentra en un avión a un joven parecido a él y le describe como diabólico e incluso como su doble, o cuando habla del carismático Alfonso, personaje con un gran parecido a Hemingway que en un momento de lucidez, él mismo le descubre que es el famoso escritor y seguidamente, el autor casualmente reflexiona sobre la credibilidad de la ficción4. Este es un ejemplo de lo que consisten los juegos literarios de Vila-Matas, al introducir un recurso de lo que reciente o posteriormente ha vaticinado, aplicándose incluso a anécdotas totales que quizás el autor ha inventado.

Y así relucen al mismo tiempo sus recursos autoficcionales, como su reflexión sobre la vida en literatura. De hecho, ya en palabras de su fiel amigo Raul Escari, el autor adelanta el proyecto que está a punto de realizar en París no se acaba nunca inmortalizando una reflexión que jamás olvidaremos para complementar la definición de autoficción: “ Una autobiografía es una ficción entre muchas posibles”.

Y si hablamos de aprendizaje literario, vida bohemia, escritores y de la elegante desesperación de la ciudad bohemia por excelencia; Vila-Matas ofrece una especie de novela de formación y aprendizaje literario articulado por una intertextualidad y metaliteratura de registro alto; y que, además de reflexionar sobre los recursos que utiliza en la propia obra, son famosos sus encuentros (¿Encuentros reales?) con personajes como Paloma Picasso, Sonia Orwell e incluso Samuel Beckett, entre otros.

Pero podría considerarse que hay varias figuras literarias que juegan un papel esencial en la trayectoria de la obra y de la vida de Vila-Matas. El primero de ellos, será, como no, Hemingway; al que homenajea al titular su libro tal y como acaba el propio libro de Hemingway París era una fiesta. Vila-Matas de joven se esfuerza un tanto obsesivamente en que su vida se parezca al del escritor norteamericano al querer hacer suya esa desesperación de artista en París, y así, encuentra otra manera de reírse de si mismo ante su inclinación por querer parecerse incluso físicamente al autor.

En última instancia, encuentra incluso registros para que en su relato aparezcan pequeñas partes del escritor, anécdotas suyas, incluso frases que podría haber dicho él bajo el velo del enigmático Alfonso, de esta manera el autor se procura una especie de conversación con su escritor ídolo. Más adelante, podemos decir, a medida que se va desencantando de Hemingway, Vila-Matas descubre a Borges y su concepción sobre el pasado y la ficción, dejando relucir la influencia que el autor ejerce en él, parafraseándolo y reflexionando sobre él; incluso acabará por homenajearle con una anécdota en la que explica cómo va a visitar la casa donde el escritor había vivido, en la que el mismo Vila- Matas había estado en sus años de juventud, donde Borges había hecho una conferencia.

Estos recursos dotan a París no se acaba nunca de un registro literario alto, de tono ensayístico donde el escritor no escatima en referencias literarias y de personajes de la época, como tampoco en reflexiones sobre la inspiración, la creación literaria y la pasión por la literatura, lo que provocará que su vida esté tan arraigada a ella, que atraviesa sus obras de la misma manera. Se podría decir que la autoficción es la respuesta que el autor da a su propia hibridez entre literatura y vida. Ya en palabras de Vila-Matas comprendemos que su forma de entender sus vivencias es a partir de la autoficción convirtiéndose este nuevo género mestizo en una forma de autocrearse a uno mismo. La autoficción en Vila-Matas la relacionamos como un estilo de vida, más que de escritura, donde el autor es libre de acogerse a si mismo y convertirse en literatura. Y por último, aunque incidiremos en el tema más adelante, en cuanto al papel del lector en París no se acaba nunca resaltamos el increíble trabajo del mismo para moverse entre el pacto autobiográfico y el novelesco, convirtiéndose en un lector más activo, sin dejar de plantearse, por supuesto, los problemas sobre la versatilidad del relato con el que tendrá que enfrentarse para dar sentido a la obra.

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